Microbioma: diversidad, metabolismo y equilibrio interno

Microbioma: diversidad, metabolismo y equilibrio interno

 

Qué es realmente el microbioma

El término «microbioma» se refiere al conjunto de microorganismos de un hábitat determinado —especialmente el intestino—, así como a sus genes, sus actividades metabólicas y los productos que de ellas se derivan. Por lo tanto, no se trata solo de quién vive allí, sino de lo que ocurre allí.

Se puede imaginar como un espacio interior lleno de vida: no es la mera presencia de cada uno de los habitantes lo que determina el carácter del lugar, sino su interacción, su densidad, sus funciones, las condiciones en las que viven y su comportamiento entre ellos.

La diversidad como característica, no como objetivo

En la investigación sobre el microbioma, la diversidad desempeña un papel importante. Se refiere a la variedad y el equilibrio con que está estructurado un ecosistema microbiano. A menudo se considera que un sistema diverso es más adaptable que un entorno poco variado.

Esto no significa que la diversidad sea automáticamente beneficiosa en todos los casos ni que de ella se puedan deducir reglas sencillas. Sin embargo, pone de manifiesto por qué no tiene sentido reducir este tema a la simple distinción entre microorganismos «buenos» o «malos». A menudo, lo decisivo es la estructura del sistema en su conjunto.

Lo que hacen los microorganismos: productos metabólicos

Lo más interesante es que los microorganismos no solo están presentes, sino que llevan a cabo un metabolismo activo. Transforman los componentes de los alimentos, especialmente aquellos que el cuerpo humano no puede digerir por sí mismo por completo. De este proceso se derivan productos metabólicos que, a su vez, están relacionados con la mucosa intestinal, el entorno local y los procesos de regulación superiores.

Por lo tanto, la alimentación no es solo un medio de subsistencia para el ser humano. También es un sustrato para los procesos microbianos. El microbioma no solo reacciona ante el cuerpo, sino también ante lo que se le ofrece. Por lo tanto, depende en gran medida de nuestra alimentación. Si cambiamos nuestra alimentación, también cambiamos nuestro microbioma.

Lo que revelan los estudios

La investigación moderna aborda el microbioma desde varias perspectivas: la composición de las comunidades microbianas, la formación de metabolitos bacterianos, la influencia de la alimentación y los fitoquímicos, así como la cuestión de hasta qué punto los entornos microbianos son estables o cambiantes.

En este contexto se observa una tendencia importante: lo que ocupa el primer plano no son los microorganismos individuales por sí solos, sino sus funciones y relaciones. Al mismo tiempo, la investigación sigue siendo compleja. Los microbiomas varían de una persona a otra, en algunos casos de forma considerable. Rara vez es posible hacer afirmaciones generales simplistas.

Una perspectiva desde la medicina tradicional china y la medicina empírica

La medicina tradicional china no habla del microbioma, sino que desde hace mucho tiempo describe espacios funcionales en los que influyen la transformación, el entorno, la humedad y la calidad del centro. La idea de un equilibrio ecológico interno no es allí un concepto nuevo.

La medicina empírica también concebía desde hacía mucho tiempo el tracto digestivo como un espacio vital, y no solo como un conducto mecánico. La alimentación, los ritmos, las sustancias amargas y los aspectos relacionados con la fermentación se consideraban allí en relación con el equilibrio interno.

La pregunta clave

No: «¿Qué bacteria es buena o mala?», sino: «¿Qué tipo de entorno interno se favorece?». Esto es menos llamativo, pero, desde el punto de vista biológico, suele estar más cerca de la realidad.

En este contexto, la investigación se centra en la alimentación, la fibra dietética, los polifenoles, las grasas, los compuestos amargos y ciertas sustancias de los hongos, no como soluciones aisladas, sino como parte de un entorno microbiano.


En la próxima entrada nos centraremos en el hígado, el centro silencioso del metabolismo.

 

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